X Región, Chile: TENTACIONES DEL FIN DEL MUNDO

Dulces, tortas y pasteles de factura alemana. Eso y mucho más es lo que ofrece esta pequeña ciudad del sur de Chile, en la que las preparaciones, más que llenar el estomago, endulzan la vida de los comensales. Aquí, un recorrido por las imperdibles adicciones de Frutillar.

TENTACIONES DEL FIN DEL MUNDO

TENTACIONES DEL FIN DEL MUNDO

Es bien sabido que la gastronomía del sur es una de las mejores de nuestro país, y que, si de repostería alemana se trata, Frutillar, ubicada a 42 Km de Puerto Montt, se queda con el primer lugar. Y cómo no, si gracias a la influencia de los colonos alemanes que llegaron a esta zona a mediados del siglo XIX, esta pequeña ciudad se ha convertido en lugar de festines deslumbrantes, sobre todo a la hora del té.

Tras esas fachadas de casas tipo Hansel y Gretel, que se ubican en las escasas cuadras que conforman la parte baja de Frutillar, se esconden los secretos de las mejores preparaciones dulces de esta parte de Chile, las que son guardadas celosamente de generación en generación.

Kuchenes, strudels y diversos pasteles, algunos de impronunciables nombres germanos como el Streuselkuchen, son el complemento ideal para olvidarse del frío que invade a Frutillar en esta época; y si a eso le sumamos la privilegiada vista que se obtiene desde la bahía del lago Llanquihue -con los volcanes Osorno, Calbuco, Tronador y Puntiagudo mostrándose ostentosos desde la distancia- comprenderán por qué un grupo de 47 familias alemanas decidió asentarse en esta zona, cuando la geografía era mucho más inclemente de lo que es ahora. Y es que pararse frente al lago Llanquihue, mientras se come algún manjar alemán, es recomendable y por cierto, altamente tentador.

Fue la iniciativa de Bernardo Philippi y Vicente Pérez Rosales la que permitió que los recién llegados europeos desarrollaran esta despoblada zona: impulsaron la actividad agrícola y ganadera, pusieron molinos, destilerías, almacenes, y luego desplegaron el comercio entre los distintos poblados a través de las verdes aguas del lago Llanquihue.

Y como los alemanes no son de escaso apetito, obviamente se trajeron sus recetas a estas nuevas tierras, las que, gracias a la variedad de los ingredientes locales -como grosellas, frambuesas y murtas- se transformaron en las exquisiteces que conocemos y comemos hoy.

Bien lo sabe Victor Winkler, el dueño de una de las pastelerías más famosas de Frutillar, quien creció con estos sabores durante toda su infancia gracias a las preparaciones de su abuelita Lina. Fue tanta su adicción, que decidió abrir un pequeño local con las tortas y kuchenes que endulzaron su niñez: el “Kuchen Laden”, un pequeño local ubicado en la Av. Philippi, que desde la entrada tienta a los comensales con un mostrador lleno de preparaciones alemanas: mucha crema, colorida fruta y con los tamaños precisos para aplacar el hambre de cualquier comensal. Es todo tan casero como se ve, y de hecho, es su esposa quien se encarga de preparar las tradicionales recetas familiares al pie de la letra. Si bien el lugar es pequeño y no tiene una gran decoración, no se equivoque, un bocado de cualquiera de sus preparaciones eliminará de inmediato cualquier prejuicio. No puede dejar de probar el famoso kuchen de frambuesa, la mermelada de rosa mosqueta y el Struddel de manzana, por lejos, el favorito de Don Víctor.

No muy lejos de ahí, a tan sólo un par de cuadras sobre la misma avenida, nos encontramos con otro excelente salón de té, el “Bauernhaus” (“casa de granjeros” en alemán), una antigua casona de estilo germano que data de 1918. Su dueña, Alejandra Doepking, sí que sabe de estas preparaciones típicas, pues se dio el trabajo de recopilar la historia de éstas en su libro “150 años de repostería alemana en el sur de Chile”, las que además pone en práctica en este hermoso lugar.
En un salón muy bien decorado -con mesas de madera, sillones de mimbre y juegos de té al estilo de la abuela- tartas y delicias varias desfilan por entre las mesas, despertando de inmediato el olfato. Aquí, puede llegar a sentirse como un alemán de tomo y lomo, un verdadero colono que disfruta de las ricas onces alemanas que se preparan: café o té, quesos, jugos de fruta, cecinas varias y el trozo de un suculento pastel. Nuestra recomendación: pruebe el kuchen de frutillas, no se va a arrepentir.

Casi al frente, pero situado sobre las aguas del lago Llanquihue, aparece una de las obras arquitectónicas más importantes que se han realizado en esta ciudad, el Teatro del Lago, que vino a instaurarse como uno de los mejores centros culturales de nuestro país; las obras que lo terminan finalizan en noviembre de este año. Con una impresionante infraestructura de 10.000 m2, es aquí donde se realizan muchos de los conciertos de las esperadas Semanas Musicales de Frutillar, donde se presentan destacados intérpretes nacionales e internacionales y diversas expresiones artísticas que revitalizan la ciudad.

Es en este mismo lugar donde se encuentra otra de las excelentes cafeterías de la zona: Café Capuccini, con una increíble vista panorámica del lago. Podrá disfrutar de la repostería típica de la zona en un lugar acogedor, con toques modernos y con una tienda de objetos de diseño incluida. Definitivamente, tiene que probar la Torta Mixta (chocolate, frambuesas, merengue y crema) o la Torta de Hoja (mermelada de rosa mosqueta, manjar y crema pastelera), ambas simplemente deliciosas y que, por su tamaño, se puede compartir.

Por sobre la Av. Philippi, la misma en donde se encuentran todos los lugares que hemos mencionado y que también es conocida como la Costanera, puede encontrar muchas otras cafeterías tradicionales, como el Café Trayen, el Club Alemán, entre otras.

Pero si realmente desea vivir una experiencia original a la hora de la merienda, el lugar indicado es “Lavanda Casa de Té”, ubicada en el camino que lleva a la localidad de Quebrada Honda, no muy lejos del malecón sureño. Ahí se encontrará con una hermosa casa blanca de estilo provenzal, situada en un lugar con vista privilegiada y rodeada de bellos jardines de lavandas, los que, a pesar de no estar en época de florecimiento, exhiben sus bellos pétalos color lila.
Al entrar, puede darle la sensación de estar en un salón de la región francesa de Provenza: todo blanco, mesas adornadas con preciosos juegos de tazas floreados de diferentes diseños, ramos de lavandas colgando junto a la ventana y cientos de cajitas metálicas rellenas con una selección de té impresionante. Y ojo, té orgánico, no industrial.

Es que para Kristina Sams, su dueña, la hora del té siempre ha sido algo especial, probablemente por sus raíces inglesas, alemanas y canadienses. Es por esto que, luego de haber viajado por Argentina, Canadá, Estados Unidos y el norte de Chile, decidió asentarse en Frutillar y en 2007, iniciar este proyecto personal, en el que, a media tarde, se entremezclan tradiciones de Inglaterra y Alemania; y donde, tal como su nombre lo indica, la lavanda es la protagonista.
Todo está hecho con esta flor, desde un exquisito té hasta unos hermosos cupcakes con glaseado; incluso los terrones de azúcar tienen una impresión de lavanda en una de sus caras. Eso demuestra la delicadeza con que todo está hecho y la preocupación por los detalles de su dueña. Nuestra recomendación es que pruebe el té blanco con lavanda, acompañado de cualquier preparación que tenga como ingrediente esta flor.

Pero ya basta de hablar de las dulces tentaciones que ofrece Frutillar. Si bien sabemos que es su sello característico, aquí también se pueden encontrar excelentes opciones gastronómicas que van más allá de la tradicional cocina alemana, como la novedosa propuesta culinaria del restaurante “Se Cocina”.
Francisco Acuña, su dueño y chef, decidió emigrar de Santiago a Frutillar con la idea de transformar la comida en una experiencia, “más que comer bien, comer bonito” afirma él. Es por eso que en los terrenos familiares del fundo Santa Clara, en el Camino Totoral, remozó un antiguo galpón, transformándolo en un restaurante donde lo campestre, en todos los sentidos, es lo primordial. Todo es de madera, con cucharones y ollas colgando y acogedoras mesas dispuestas alrededor de la cocina.

Aquí no hay recetas fijas, sino que todos los días se elabora una preparación distinta, en función de los ingredientes frescos con los que dispongan. De hecho, hasta tienen su propio huerto, así que cuando hablamos de frescura, es porque se manifiesta en su máximo esplendor.
Y la experiencia de comer ahí es algo absolutamente sorprendente, pues además de degustar preparaciones tradicionales chilenas, puede ver como el Chef las prepara y hasta puede interactuar con él. Tenga presente que el restaurante funciona sólo con reserva.

Frutillar es un crisol de aromas y sabores, en donde la cultura alemana se entrecruza con la chilena, dando forma a una cocina plagada de intensos sabores. Una gastronomía única en nuestro país, que además de serenar a exigentes paladares, endulza la vida de quienes la prueban. El arte culinario es, sin duda, una de las razones de por qué todos vuelven al sur.

Cómo Llegar

Para llegar a Frutillar, viniendo por la Ruta 5, hay que tomar el desvío a Frutillar, que queda a 1.000 kilómetros de Santiago y 40 kilómetros al norte de Puerto Montt. Lan y Sky Airline vuelan al aeropuerto internacional “El Tepual” de Puerto Montt.

~ by recorrerchile on June 6, 2010.

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